La noche del 19 de febrero de 1980 marcó un antes y un después en la historia del rock. Ronald Belford Scott, conocido mundialmente como Bon Scott y voz inconfundible de AC/DC, fue hallado sin vida en Londres a los 33 años, víctima de una intoxicación etílica aguda. La noticia sacudió a la escena musical internacional y dejó a una de las bandas más explosivas del hard rock en un momento de incertidumbre que parecía insuperable.
Scott había nacido el 9 de julio de 1946 en Forfar, Escocia, aunque creció en Australia Occidental tras emigrar con su familia siendo niño. Su personalidad carismática, su actitud irreverente y una voz rasgada que parecía tallada en whisky y carretera lo convirtieron en el frontman perfecto para la propuesta eléctrica y cruda de AC/DC. Cuando se unió al grupo en 1974, la banda ya había dado sus primeros pasos, pero fue con él al frente cuando consolidó su identidad y conquistó mercados internacionales.
Durante la segunda mitad de los años setenta, AC/DC publicó una serie de discos que cimentaron su reputación: High Voltage, Let There Be Rock y Powerage mostraban a una banda en plena ebullición, pero fue Highway to Hell, lanzado en 1979 y producido por Robert John “Mutt” Lange, el que los catapultó definitivamente al estrellato mundial. El álbum alcanzó los primeros puestos en varios países y marcó la entrada del grupo en el mercado estadounidense con una fuerza inédita. Scott, con su mezcla de picardía, desenfado y potencia vocal, era la encarnación misma del espíritu de esas canciones.
En la noche previa a su muerte, Scott había estado bebiendo en distintos locales de Londres junto a amigos. Según los informes oficiales, fue dejado en el interior de un Renault 5 propiedad de Alistair Kinnear después de perder el conocimiento. A la mañana siguiente, al comprobar que el cantante no respondía, fue trasladado al hospital King’s College, donde se certificó su fallecimiento. El forense dictaminó “muerte por desventura”, consecuencia de una intoxicación etílica aguda y aspiración de vómito. No hubo indicios de violencia ni de participación de terceros.
La muerte de Scott puso en pausa inmediata a AC/DC. Los hermanos Angus y Malcolm Young, guitarristas y fundadores del grupo, llegaron a considerar la disolución. Sin embargo, tras reflexionar y recordar la determinación y el carácter combativo de su compañero, decidieron continuar. Pocas semanas después incorporaron al cantante británico Brian Johnson. El resultado fue Back in Black (1980), un álbum concebido en buena medida como homenaje a Scott y que terminaría convirtiéndose en uno de los discos más vendidos de la historia del rock.
El legado de Bon Scott trasciende cifras y estadísticas. Su estilo lírico, cargado de humor negro, referencias al exceso y una celebración sin complejos de la vida nocturna, definió una estética que influyó en generaciones posteriores de músicos. Sobre el escenario era pura energía: caminaba con paso desafiante, la boina calada y el torso desnudo, dominando al público con una mezcla de descaro y cercanía. Fuera de él, arrastraba la fama de vivir al límite, una narrativa que la industria del rock ha romantizado durante décadas pero que también ha cobrado un alto precio en múltiples ocasiones.
En 1980, el hard rock atravesaba un momento de transformación. El punk había irrumpido con fuerza unos años antes y la nueva ola del heavy metal británico comenzaba a ganar terreno. AC/DC ocupaba un espacio singular, más cercano al blues electrificado y al rock directo que a las corrientes más técnicas o experimentales. La voz de Scott era el puente entre esa tradición y la actitud incendiaria de la banda. Su pérdida dejó un vacío difícil de llenar en un momento clave de su proyección internacional.
Bon Scott fue enterrado en el cementerio de Fremantle, en Australia Occidental. Con el paso de los años, su tumba se convirtió en lugar de peregrinación para seguidores de todo el mundo, símbolo de una figura que, pese a su breve vida, dejó una huella indeleble. La propia trayectoria posterior de AC/DC, que alcanzó cotas de éxito masivo tras su muerte, no ha eclipsado la importancia de su etapa inicial. Para muchos aficionados, la era de Scott representa la encarnación más cruda y auténtica del grupo.
Más de cuatro décadas después, la muerte de Ronald Belford Scott sigue evocando la fragilidad que se esconde tras el mito del exceso en el rock. Su historia es la de un cantante que encarnó como pocos la intensidad de su tiempo y cuya voz quedó asociada para siempre al rugido eléctrico de una de las bandas más influyentes del siglo XX.





