La música latina pierde a uno de sus arquitectos fundamentales. El trombonista, compositor y productor Willie Colón falleció este sábado a los 75 años, dejando tras de sí una trayectoria que marcó el rumbo de la salsa durante más de cinco décadas. Con su partida se apaga una de las voces más influyentes del movimiento que convirtió un sonido nacido en los barrios latinos de Nueva York en un fenómeno global.
Nacido en el Bronx en 1950, hijo de puertorriqueños, Colón creció entre calles donde la identidad cultural se defendía también con música. Desde muy joven apostó por el trombón como instrumento principal, una elección que definiría su sello sonoro: potente, áspero y urbano. A finales de los años sesenta irrumpió en la escena con una propuesta fresca que combinaba tradición caribeña, energía callejera y una producción innovadora. No tardó en convertirse en figura central del sello Fania Records y en uno de los rostros visibles del auge salsero.
Su asociación con Héctor Lavoe es ya parte de la historia grande de la música latina. Juntos grabaron discos que hoy son considerados clásicos indiscutibles y que definieron la estética del género en los años setenta. Colón aportaba la dirección musical y los arreglos; Lavoe, una voz inconfundible y carisma desbordante. La combinación resultó explosiva y convirtió a ambos en referentes de una generación que encontró en la salsa una narrativa propia, urbana y latinoamericana.
Más adelante, el músico amplió su horizonte creativo junto a Rubén Blades, con quien firmó producciones que elevaron el contenido lírico de la salsa a nuevos niveles de profundidad social y política. Temas como “El Gran Varón” o el álbum “Siembra” trascendieron el ámbito bailable para instalarse como crónicas cantadas de la realidad latinoamericana. Colón no solo hacía música para la pista; construía relatos que interpelaban a la comunidad.
A lo largo de su carrera, grabó decenas de discos como solista y productor, exploró fusiones con jazz y otros géneros, y mantuvo una presencia constante en escenarios internacionales. Su trombón se convirtió en sinónimo de autoridad musical, mientras que su visión empresarial y artística contribuyó a consolidar la salsa como industria cultural. Para muchos músicos jóvenes, fue un puente entre la tradición afrocubana y la modernidad neoyorquina.
La noticia de su fallecimiento ha generado una ola de reacciones en el ámbito artístico y entre seguidores de distintas generaciones. Colegas destacan su carácter innovador y su capacidad para reinventarse sin perder la esencia. En barrios del Caribe y en ciudades donde la diáspora latina encontró identidad a través de la música, su nombre vuelve a sonar con fuerza, esta vez en tono de despedida.
Con la muerte de Willie Colón se cierra un capítulo esencial de la historia salsera, pero su legado permanece intacto. Sus arreglos, su trombón y su visión seguirán resonando en cada descarga, en cada orquesta que busque ese sonido robusto y desafiante que él ayudó a definir. La salsa pierde a un maestro, pero gana definitivamente una leyenda.





