El músico brasileño Marcelo Pretto, integrante del grupo de percusión corporal Barbatuques, tal y como acaba de certificar el grupo de corpo do som. El fallecimiento de Pretto ha provocado conmoción en la escena musical de Brasil y en la comunidad internacional vinculada a la música experimental y vocal. Su figura era clave dentro del colectivo paulista, reconocido mundialmente por convertir el propio cuerpo en instrumento musical.
Cantante, multiinstrumentista y performer, Pretto destacó por su versatilidad artística y su energía escénica. Durante décadas participó en el desarrollo del lenguaje artístico de Barbatuques, grupo fundado en 1995 por Fernando Barba, cuyo trabajo se basa en generar ritmos y melodías mediante palmas, golpes en el pecho, chasquidos, silbidos y percusión corporal.

En el grupo, Pretto se destacó por su capacidad vocal y rítmica. Su trabajo combinaba canto, beat vocal y percusión corporal, convirtiéndolo en uno de los intérpretes más carismáticos del conjunto. La propuesta artística de Barbatuques parte de la idea de que cada persona posee un “cuerpo sonoro” único, capaz de producir complejas texturas rítmicas colectivas.
Más allá de su papel en la agrupación, Pretto desarrolló una trayectoria paralela como cantante y compositor. Grabó proyectos solistas y colaboró con numerosos artistas de la música brasileña contemporánea. En su carrera también participó en proyectos de investigación y difusión de tradiciones musicales del país, conectando la música popular con el trabajo escénico y pedagógico.
Su estilo mezclaba exploración sonora, investigación de la cultura popular y una fuerte presencia performática. Críticos y colegas lo describían como un músico capaz de utilizar la voz, el cuerpo y la escena como un mismo instrumento expresivo.
Barbatuques se convirtió con los años en una referencia internacional de la percusión corporal, llevando espectáculos y talleres a numerosos países y participando en proyectos audiovisuales y educativos. Dentro de ese lenguaje, Marcelo Pretto fue una de las figuras más reconocibles del grupo: su capacidad para improvisar ritmos, interactuar con el público y crear texturas vocales lo transformó en uno de los pilares de sus presentaciones en vivo.
Su muerte deja un vacío en la música brasileña contemporánea y en la comunidad artística que exploró las posibilidades del cuerpo como instrumento. Sin embargo, su legado permanece en las composiciones, grabaciones y en la influencia que ejerció sobre generaciones de músicos y performers que continúan explorando el lenguaje de la percusión corporal.





