La saga de zombies que ya asombrara desde sus comienzos en los finales de los años 90 continúa con su universo en pleno 2026 y lo hace entre unos mares de aciertos y proporciona una muy entretenida cinta de una hora y cincuenta que se pasa de manera tensa pero efectiva. 28 años después: el templo de los huesos de Nia DaCosta sigue dejando un escalofrío en el espectador y lo hace con armas verdaderamente sabias.
En esta ocasión toma las riendas del rodaje Nia DaCosta -en detrimento de Danny Boyle que produce ejecutivamente según nos parece- y sigue en su trabajo de guionista Alex Garland (Civil War, como director). De esta manera se rompe la dupla de oro que fue Boyle y Garland pero el resultado y el camino sigue siendo el mismo, sigue quedando intacto. Este trio juega a la estética con cuajo y con guion.
En esta cinta se sujeta firme el universo ya presentado en el anterior montaje y es cierto que en el estado de cosas que presenta se empieza de lo global a lo local. En otras palabras, la película no intenta mostrarte de manera grandilocuente lo que sucede en el mundo si no las cuestiones atroces y destinos que acontecen con una serie limitada de personajes. En menos de una aldea superviviente, este es el juego.
Otro de los fuertes del filme es la capacidad actoral de su reparto, con un Ralph Fiennes verdaderamente sabio y creíble y bien complementado con Jack O’Connell (This is England/Godless), Alfie Williams -menudo papel como niño en las dos películas-, Erin Kellyman y Chi-Lewis-Parry (papel de alfa de los infectados, de gran tamaño), entre otros.

Más aciertos: su metraje y dividir la historia en 2. Es verdad que hay que ver y tener fresca la primera parte para entender en su plenitud esta segunda. Pero ha sido un acierto tremendo que cada trabajo mida una hora y cincuenta minutos. La aventura es enjundiosa dentro de lo que cabe pero desde luego si hubiera durado 4 horas quizás hubiera operado en contra de los autores. ¡Bravo por ellos!
En la película reluce el viejo truco, los malos no son los zombies desmemoriados y lobotomizados, la maldad se muestra en la humanidad misma. En la falta de humanidad, en concreto. La banda de los Jimmys siguen las órdenes de una persona que cree ser el hijo del diablo y que según sus propias palabras “no deja de escuchar a su padre”. En ese sentido, la película es más The evil that men do que The Number of The Beast. La tensión en el aire de algunos momentos del film puede ser cortada con un bisturí. Sin embargo, los zombies son prácticamente anecdóticos. La maldad la proporciona gente de carne y hueso que vive en las condiciones que los acéfalos han dejado.
Y déjenme que me recree en el personaje de la película: el que encarna Ralph Fiennes. Fiennes lleva décadas poniéndose -con muchos más aciertos y que errores- las películas a sus espaldas y en esta ocasión no se trata de una excepción. Fiennes encarna a una suerte de Doctor que bien podría ser una suerte del Coronel Kurtz de El Corazón en las Tinieblas, o en su versión cinematográfica, Apocalipsis Now. El Doctor Ian Kelson viene de vuelta de todo hasta el punto de que hace de su propio emblema vital el Momento Mori y que vive en ese templo tremendamente imaginativo y con querencia a lo que viene ser el templo de un diablo.
Y en eso, llega el famoso tributo a Iron Maiden y los vinilos, hay que decir. En la película suena The Number of the Beast, una de las canciones más reconocidas de la formación británica, y como señala mi compañero y además amigo Jonathan Medina; la banda de metal ya no tiene necesidad de blandir su viejo videoclip de 1982 sino adoptar este nuevo clip como verdadera bandera del género. La única pena es que hay algún corte de la música porque era relativamente fácil usar el tema completo. Tampoco es tan largo y tampoco hubiera lastrado para nada la velocidad -de vértigo- de la película.
El conservatorio entre el hijo del diablo y el doctor es una suerte de desafío en el binomio ciencia/religión que bien merece la pena.
Quizás entre todo oro reluce algún pero, el guion es en breves ocasiones “reiterativo”. Como cuando en un duelo se escoge a una chica se señala se recalca que se hace porque en teoría era un rival más débil. Hay lunas que solo hay que observar y no volver a nombrar su belleza.
Por lo que parece también la gente ha acudido a verla al cine, tal y como aparecen en los datos, la película ha recaudado 57,5 millones de dólares a nivel mundial, lo que la convierte en la tercera película más taquillera de lo que va en 2026.
Para finalizar nos encontramos con unas escenas de epílogo para la esperanza. La saga se queda expedita para nuevas aventuras y nuevos supervivientes y también ¡por qué no decirlo! Con un protagonista que está al nivel de lo que hace Fiennes en este entretenido bloque de dos películas.
Foto: promocional





