A sus casi ochenta años, Steven Spielberg sigue demostrando una cualidad que pocos directores conservan tras décadas de carrera: la capacidad de despertar curiosidad. Disclosure Day en su nombre en inglés, El día de la Revelación para España, era una de las películas más esperadas de 2026. En esta nueva entrega el director de Ohio vuelve a hacer contacto con lo desconocido, con lo que está más allá de las estrellas. Hay que decir que por momentos la película funciona como una cinta de espías, una trepidante trama de persecución infinita y que el reparto está realmente bien en el producto final. Que a lo mejor, lo que no tiene tan correcto es el guión y que quizás lastra el metraje tan abultado.
¿Qué es lo que puede sorprender más a la humanidad a estas alturas de Siglo XXI? Quizás el contacto con una entidad que no es la nuestra. Spielberg se enfrasca en la ficción de que todo lo que nos han contado sobre Área 54, de United States of America, es estrictamente verdad y que hay una lucha parapsicológica y soterrada por echar luz o tapar este descubrimiento, esta «verdad».Entre conspiraciones gubernamentales, filtraciones de información y fenómenos inexplicables, Spielberg construye un relato que mezcla thriller político, ciencia ficción y drama humano.
Era todo un objetivo volver a degustar como Steven Spielberg ha usado a las inteligencias más allá de nuestra órbita en lugares ya comunes y de nuestro pop art particular como Encuentros en la tercera fase (1977) o ET (1982). Muchos de los que eran niños van como moscas a la miel, buscando esa receta.
Spielberg sigue contando con una impecable factura técnica y bajo nuestro punto de vista tiene pulso narrativo aunque este esté atemperado en esta ocasión. Ya solo por eso, vale la pena pagar por la entrada en el cine que nos encontramos. Su particular ritmo está quizás un poco atemperado en cuestión del tiempo transcurrido, pero todavía con brío para cogerte y no soltarte en varios tramos de la entrega. El libreto tiene quizás un problema o varios. No opta por un camino, se queda en varios medios caminos; ora una de espías, ora otra de persecución, ora politiqueo institucional. Una pena que no fuera más a la raíz pues hubiera ahorrado incluso metraje.
En el debe también, Spielberg carga las tintas en dos fases muy concretas con la religión y este es un factor que la hace especialmente frágil. Parece como si el director necesitara esta escusa a golpe de crucifijo para tranquilizar su propia mente o para contentar a alguno de los financiadores del trabajo.
A pesar de estos problemas, El día de la revelación va superando poco a poco todos los obstáculos con las salvedades que hemos planteado. Es una cinta especialmente indicada para el verano como el blockbuster que es, y para disfrutar como se debe en una pantalla lo más gigante posible. Con oscuridad y con calma como es habitual en esta clase de productos cinematográficos.
En cuestion de actores, Emily Blunt sigue siendo una apuesta segura. Tira como es normal, de épica emotiva y soporta la cinta cuando ésta pasa por algunos devaneos que también tiene. En ese sentido, Emily Blunt es probablemente la gran triunfadora del reparto. Aunque me parece que Colin Firth también hace un papel de malo maniqueo a la altura de lo que se requiere en una cinta de Spielberg. El malo no tiene dobleces, es sencillamente cruel por intereses gubernamentales. En el caso de Blunt, su interpretación aporta humanidad y credibilidad a una historia que, por momentos, corre el riesgo de perderse entre teorías conspirativas y explicaciones demasiado complejas. La actriz sostiene algunos de los pasajes más emotivos del filme y logra que el espectador permanezca implicado incluso cuando el guion muestra sus debilidades. Para colmo, en la recta final el guion no propone, insinúa ni esconde sino muestra.
En otro orden de cosas, Disclosure Day evidentemente no es una obra magna de Steven Spielberg. No es una labor como aquellas que enamoró al mundo prácticamente con su trabajo en estéreo como Jurasic Park y La lista de Schindler, tampoco llega a aquel jovencito de Tiburón ni si quiera al romanticismo de contar sin medios que tenía en El Diablo sobre Ruedas. Spielberg sigue con hambre de cine pero ahora se percata de otro tempo, de otro espacio. Quizás es momento de una revelación o mejor dicho, de un relevo. El Maestro, sí así con mayúsculas, tiene 79 años y en ese sentido es el día del relevo. Que alguien más joven impulse sus proyectos, alguien que haya sido forjado en su fragua. Aunque nos tememos que esa fragua ya no tiene fuego, ya el yunque hace tiempo que no existe y que directamente el molde (por desgracia no solo en cine) ha sido roto para siempre.
No obstante lo dicho, no olvidemos que Spielberg ha pasado por fases. Steven ha abarcado mucho y apretado poco en otros momentos de su filmografía y que en algunas ocasiones nos decepcionó con otras obras que no estaban al nivel de su espigada altura artística. ¿Es posible que más que un retiro Spielberg necesite un refresco? Quizás.
En definitiva, entretenido blockbuster de verano en donde hay que apagar un poco el cerebro y dejarse mecer por el carrusel propuesto por el otrora todopoderoso Rey del celuloide, Steven Spielberg. No merece la pena resistirse a buscar una historia enorme y una Odisea que da la sensación que la película no está dispuesta a ofrecer.
Foto: promocional, fotograma del film.





