La banda defensora del metal por excelencia, Judas Priest comparecía en el Roig Arena con dos avanzadillas de lujo, por un lado la joya germana Dirkschneider -que ha dejado Accept hace ya bastantes fechas- y las perlas australianas de Airbourne para llenar hasta la bandera el recinto valenciano. La tarde había comenzado con el ritual de convocatoria y el tiempo había dejado muchas dudas, había pasado la temperatura de 45 grados el día anterior a una lluvia constante (alarma naranja por Aemet) y dura con unos 30 grados lo que desafiaba de manera pertinaz a la rockerada que hacía fila india para o comprar merchandising oficial del concierto o entrar a nivel de pista. Eran las 5 de la tarde.
Los horarios se cumplieron verdaderamente a rajatabla.
El comienzo del set list de Udo fue verdaderamente una declaración de intenciones: Fast as a Shark, un tema cumbre en la banda que marcó la carrera de toda su vida, Accept y además también una pista de lo que sería el concierto. El alemán con una banda renovada y joven se puso a repasar las canciones que todos querían escuchar, dejando poco espacio en los 45 minutos que actuaba para temas nuevos. Aproximadamente canciones que nos suenan a todos de la banda matriz, momentos como Metal Heart, Up to the Limit, Princess of the Dawn o Balls to the Wall se han de coleccionar para el futuro. No obstante, no todo fue oro quizás un poquito escondida entre tanta guitarra estuvo la voz de Dirkschneider y yo le hubiera dado un poco más de presencia. Ya se sabe, a toro pasado todo el mundo es líder.
Airbourne
Poca sorpresa con la banda australiana Airbourne. Los hermanos O’Keeffe, Joel a la guitarra y voz y Ryan, mandando desde los parches de su batería, tienen de manera clara la estrategia a seguir y la clonan show tras show. De hecho, no era la primera vez que los habíamos visto ya que tuvimos el placer de disfrutarlos en Cartagena en el Rock Imperium 2025, con un set mayor además. Airbourne pone en la batidora un buen puñado de sentimiento muy australiano de los AC/DC, unos toques de lo furibundo que fueron Motorhead con Lemmy Kliminster y poco más. Sus canciones son tiros directos y no se están con contemplaciones. Lo dicho fue lo que realizaron también en el Roig Arena de Valencia. ¿Sorpresas? 0. Hasta los homenajes a Lemmy, las caminatas a lomo de pipa a través del público del cantante y guitarrista, todo se realiza noche tras noche, espectáculo tras espectáculo
¿Es eso forzosamente malo? Naturalmente no, tienen cogido el tranquillo. Algunos riff son tan parecidos a los acedecianos que dan vértigo. Sin embargo, la gente se divierte en la totalidad del show, es un concierto movido, con gracia y con una multitud de momentos memorables. Cuando son teloneros, como era el caso, se hace hasta corto.
Judas Priest
Diez menos veinte y Judas Priest intenta tirar el telón que antecedía a su comparecencia en el escenario, acción un tanto infructuosa. No sin algún estropicio, hubo una buena cantidad de operarios queriendo bajar de manera manual un telón enorme, demostrándose así que no todo recinto por más moderno y adecuado que sea está carente de errores, los Judas saltaban entonces a escena y lo hacían dispuestos a destrozar y arrasar el aforo. War Pigs, canción de Black Sabbath, sonaba de fondo (y no lo hizo completamente).
Desde You’ve got another thing comin’ el combinado británico demostró que había una gran conexión entre ellos y un sonido verdaderamente mágico. El sonido por ejemplo de la batería -que en ocasiones se problemático- sonó de manera mágica, su diseño debió ser un importante quebradero de cabeza. Creo que no exagero ni un ápice pero tanto el local como la banda parecía haber pensado en cada uno de los detalles pera alegrar al respetable. La veteranía es por supuesto también un grado importante a la hora de convencer al exigente público metálico. Y desde luego Judas Priest demostraron tener esas tablas.
Lo de Rob Halford merece punto y aparte, el 25 de agosto de 2026 ya Rob se encuentra en la mitad de su década 70 y parece como sí haya ido superando cada fase. ¿Es la voz de un señor de esa edad? Probablemente sí, pero digamos que ha ido supliendo incapacidades naturales con experiencia. Algún sonido de delay en el que se apoya pero desde luego , nítido a cada uno de las partes de las canciones. Vale que ya no firma los agudos de The Ripper y la guitarra le echa un cabo, pero todo lo demás lo realiza con eficacia. Resultó verdaderamente sorprendente. Estábamos en sobreaviso además, en las últimas giras parece ser que los defensores de la Fe del metal ponían pregrabadas voces de Halford y se notaba mucho. Que nosotros sepamos y hayamos notado no era el caso del día del Roig.

La cordialidad del final del concierto, The Priest will be back (Foto CAQ)
Por otro lado, y no es un detalle menor, hay mejor set list que el ofrecido por Judas en el heavy metal ¿Se puede competir? Pues no, creo que difícilmente. Especialmente, alucinante la manera de combinar canciones impresionantes entre sí. El momento de The Ripper y Breaking the law fue de dejar seco a cualquiera. Canciones que empastan tremendamente bien y que desde luego el concierto de Valencia tuvo también su refrendo. Así fueron volcándose canciones ineludibles, Desert Plains, Turbo Lover, Delivering the Goods, algunas nuevas como Panic Attack enlazando con Victims of Changes y casi casi al punto del analgésico, naturalmente Painkiller.
Sin embargo la fiesta no estaba finiquitada. Todavía quedaba el trío esperado final: con Electric Eye, Hell bent for leather o el himno popular Living After Midnight. Final por todo lo alto. Los Judas además se despidieron de manera muy cordial de la gente. Hubo tiempo para lanzar alguna púa y para señalar a este o a aquel visitante al encuentro. Se unieron de manera cordial en el centro del escenario para dar las gracias y seguramente con la sonrisa de quien sabe que ha cumplido las misiones propuestas.





