Nuestro compañero Adrián Gómez opina del biopic Michael, éxito taquillazo del momento.
Cuento caramelizado donde los haya, el biopic del autodenominado Rey del pop (really?), es la hagiografía esperada, financiada por parte de la familia (Tito, Jermaine, y Mami Jackson) y el mánager recontratado, presunto albacea y explotador profesional del artista, oportunamente blanqueado ( sería un chiste fácil y recurrente, dada la figura que nos ocupa) John Branca, en el film interpretado por un inexpresivo Miles Teller (Whiplash). Encima este último, con un maquillaje chanante, todo un salvador de Jacko, ambos seres de luz destinados a rescatar la música de tanta mediocridad (hablamos del agente de Bob Dylan y Beach Boys entre otros), enfrentados al tirano Joseph Jackson (un Colman Domingo, también con make-up, Spitting Image), maltratador, empresario despiadado, mal padre, mecenas sin escrúpulos, machista, ambicioso, al que solo le falta el guantelete del infinito.
Todos los demás, santos varones y hembras. Incluso los animales recreados por CGI, más nobles que el catálogo humano representado en la película. Mas mitificadora y triunfalista aún que las prefabricadas One Love y Bohemian Rhpasody, la obra mercantil de Antoine Fuqua, ditector fetiche de Denzel Washington, que empezó con muy buen pie con Training Day o King Arthur, para ir decayendo como director de encargo del actor, con lindezas como la poco frecuentable saga del Equalizador.
¿Y qué tenemos aquí? Pues una historia para toda la familia, que trata al músico (sic) o entertainer, como el nuevo mesías, animalista, visitante de niños enfermos, que no tuvo infancia y sufre síndrome de Peter Pan (el subrayado obsesivo con la obra de Barrie, roza el despiste de la generacion Tik Tok), con un Jaffar Jackson (sobrinaco para mayor nepotismo) entregado a la causa, plasmando la epicidad de videoclips (atención al cameo de John Landis), entre Twister, Atari, Pepsi y los cinturonazos de Papi Garfio, en una primera mitad ciertamente entretenida (Jackson Five, Of The Wall, Berry Gordy, Quincy Jones), con una buena fotografía y ambientación…hasta llegar al «segundo advenimiento» con idolatría desmesurada, cirugías nasales, quemaduras capilares, y estadios «que huelen a…victoria», como diría Kilgore.
Mucho mejor la miniserie sobre The Jacksons de 1993, de Karen Arthur, emitida por A3, del que un servidor guarda muy buen recuerdo, siendo un telefilm asumido, con una soberbia Angela Bassett (Tina), muy superior a una perdida Nia Long, comparsa y autentica valedora del héroe, capaz de vetar y humillar a Joseph y sus decisiones…y seguir a su lado. Ni rastro de Janet Jackson (sólo existe Latoyah) ni de We are the World ni Diana Ross, ni, por supuesto, el tema que todos sabemos (We are the Children) no vaya a ser que se resienta la taquilla y encima, vayamos a juicio.
Termina con una actuación presentando Bad, metraje de relleno (cómo el Live Aid de la patochada con los Queen…produce Graham King, en efecto), para llegar a las dos horas, que a lo mejor nos nominan y todo.
Al margen de filias y fobias, pues se juzga el retrato fílmico, no al biografiado, una tomadura de pelo para un público convencido de antemano, que defenderá la banda sonora, un cancionero fraguado desde hace cincuenta años, con el que nadie se ha metido, y que alivia tanto despropósito.
A evitar
Texto: Adrián Gómez
Foto: promocional





