Hay senderos que no se recorren, se sobreviven. El Camino del Diablo —o Devil’s Highway, la ruta milenaria que atraviesa el desierto entre Arizona, California y México— lleva siglos siendo frontera entre el mundo y el vacío. Susan Santos lo ha convertido en el punto de partida en “El Camino”, primera entrega de un nuevo trabajo que transita veredas más country que en trabajos anteriores.
La canción no invita: arrastra. Desde los primeros compases, un riff hipnótico y pesado se asienta como los neumáticos sobre grava caliente, y no suelta. Santos construye el tema sobre una fusión tan honesta como precisa: Hill Country en los huesos, rock boogie tejano en el pulso, y esa textura pantanosa que obliga al cuerpo a reaccionar antes de que el cerebro lo procese. No hay artificio. Hay polvo, asfalto y una guitarra zurda que sabe exactamente adónde va
Temáticamente, “El Camino” es una huida hacia adelante: la euforia física de estar en movimiento cuando quedarse quieto significaría hundirse. El sol como guía y como amenaza simultánea. La carretera como única respuesta posible a la soledad. Un tema que funciona como mantra —ese riff que regresa y regresa— y que sitúa a Santos en un territorio donde pocas guitarristas españolas han pisado con tanta convicción.
“El Camino” nos marca la senda que nos llevará a “Camino Diablo”, su séptimo álbum de estudio previsto para este otoño.
Viene acompañado de un videoclip que ha realizado Fran Mayo Photography y que puedes ver
Susan Santos lleva años demostrando que su verdadero territorio es el escenario: una guitarrista zurda que no necesita efectos ni artificios para llevarse una sala entera al bolsillo. El Camino Diablo Tour arranca este otoño con diecisiete fechas que recorren España de norte a sur —Pamplona, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Valladolid, Bilbao, Jerez, Sevilla, Madrid— antes de cruzar el Canal para una semana intensa por Reino Unido, con paradas en Edinburgh, York, Whitby o Leamington. Quien la haya visto en directo sabe lo que hay: una presencia escénica sin concesiones, solos que cierran con ovación, y esa capacidad —cada vez más escasa— de hacer que una sala entera aguante la respiración antes del siguiente acorde. Un directo que acumula kilómetros y gana en densidad con cada fecha
Foto: Jan P. Fajardo





