Hay proyectos que nacen de una idea y otros de una conversación que se desarrolla en el interior. Voces de arena, poesía y pintura en diálogo pertenece a estos últimos: el deseo de reunir la poesía y la pintura para que dialoguen desde la libertad, descubriendo nuevas formas de mirar y de sentir.
El proyecto inició su recorrido en el Café Patagonia de San Isidro el pasado 25 de junio de 2026, en un encuentro presentado por la escritora y maestra Rosa María Ramos Chinea. Días después, el 27 de junio, continuó en la Asociación Cultural El Refugio Artístico, casa de Carlos Pinto Grote, donde fue presentado por la psicóloga Raquel Gutiérrez. Dos espacios distintos, unidos por una misma vocación: convertir el arte en un lugar de encuentro.
En ambas sesiones estuvieron presentes los poemarios Arenas, de Carmen Paloma Martínez, y Tarde de moscas en el exilio, de Ana Guacimara Hernández, junto a la creación en directo de dos artistas plásticos. En San Isidro, Montse Falcó fue levantando su obra al ritmo de los versos. En La Laguna, Juan Carlos Velázquez dejó que el pincel siguiera la voz de los poemas. Según sus propias palabras: «Ellas pintaban con su voz», mientras el lienzo iba encontrando ese lenguaje propio y compartido.
Ambas disciplinas dialogaron al unísono, ampliando sus significados y descubriendo nuevas resonancias. Cada poema encontraba un matiz en el color y cada trazo invitaba a volver sobre la palabra.
En la casa de Carlos Pinto Grote, además, la emoción adquirió una dimensión especial. Entre libros, cuadros y recuerdos, resultaba inevitable sentir que aquel lugar seguía habitado por el espíritu de quien hizo de la cultura una forma de encuentro.
Estos dos primeros encuentros han confirmado la identidad de Voces de arena, poesía y pintura en diálogo. Los poemarios continuarán siendo el hilo conductor de cada sesión, mientras distintos artistas plásticos irán incorporando su propia mirada al proyecto, demostrando que una misma obra nunca deja de crecer cuando dialoga con otras sensibilidades.
«Porque hay experiencias que no terminan cuando el público se marcha. Permanecen en la memoria y regresan días después convertidas en una imagen, un verso o un color inesperado. Quizá esa sea la mejor medida del arte: su capacidad para seguir acompañándonos mucho después de que el silencio ocupe el lugar donde, de manera efímera, la poesía y la pintura encontraron una sinergia irrepetible ante quienes tuvieron la fortuna de presenciarla.»
Foto: promocional





