Nolan vuelve al cine y eso suele significar una celebración, además vuelve con su vena más histórica-mitológica trayendo una de las leyendas o mitos más importantes en 3000 años, nada más y nada menos que el texto atribuido a Homero, La Odisea (Universal, 2026). Era hora de apagar el móvil, ponerlo en modo avión y olvidarnos las próximas casi 3 horas de película del mundanal ruido. Volver a lo que nos hace hombres y apasionarnos como aquellos que escuchaban estos cantos desde los inicios de la civilización actual.
Con un reparto verdaderamente impresionante y con los medios técnicos acostumbrados en una superproducción de Hollywood, el director sigue así su senda después de haber triunfado en premios y taquilla con aquel maravilloso film llamado como el destructor de mundos, Oppenheimer. Desde Matt Damon a Charlize Theron, Robert Pattison o Anne Hathaway todos están verdaderamente escogidos del Olimpo del director C. Nolan. Quizás me creo un poco menos a Anne en su papel, quizás algo separada de lo que siempre he considerado en mi imaginación a Penélope. La mujer de Odiseo ha solido representarse en mis desvelos como una persona incorruptible e incluso hierática. Pero claro, esto sólo responde a mi imaginación, no a la ficha psicológica de este personaje mitológico. Pattison, por ejemplo, hace de persona pijo recalcitrante y al final del día bastante cobarde: lo borda. Mejor que su Batman.
Qué bien John Leguizamo en su papel de Eumeo, o Jon Bernthal como Menelao, Samantha Morton como Circe… Dave Holland y su Telémaco ¡Así podríamos estar todo el espacio de crítica! ¡Alabada sea la tripulación de este barco! Muy buen trato de los personajes femeninos en el film. No sólo en los principales sino de manera coral y global.
Es de justicia destacar también la semblanza que se hace en la pelucula de Agamenón abandonando su figura casi de humano hasta que sabemos el fin de sus días.
Con respecto a la polémica de la caracterización de una Diosa como Atenea de una persona negra como la propia Zendaya o elegir a Helena de Troya y hermana también como una persona negra, en esta crítica no se va a gastar ni una coma más.
También abordando la tan cacareada controversia relacionada por el formato de Nolan, que supuestamente impide ver el film como él verdaderamente lo concibió sino en unos cuantos cines -quizás un puñado- a nivel mundial, tampoco merece la pena mucho esfuerzo. Sólo indicar que nosotros enjuiciamos la obra tal y como lo vimos en un cine convencional, tal y como lo va a disfrutar la mayoría de nosotros ¡Oh, pobres mortales!
Gente que opina sin ver, es verdad que el ser humano no ha evolucionado ni un poquito en 3 milenios.
Ese extraordinario momento del caballo de madera anclado en la playa, que nos recuerda al final de El Planeta de los Simios ¡Maravilloso visual y cinematográficamente hablando!
En este nuevo trabajo condensa no sólo el texto de Homero de La Odisea sino que también tiene en cuenta ubicar al espectador con rasgos de La Iliada para poder comprender lo que sucedió para que la vuelta a casa del héroe (Odiseo) fuera completa. Nolan se encuentra con unas renovadas fuerzas porque además el reto es enorme. No en pocas ocasiones se ha intentado llevar a la gran pantalla este pedazo de la literatura universal que se muestra verdaderamente huidizo a la verosimilitud. Es muy difícil mostrar cada uno de los dioses y monstruos y hacerlos de manera genuina. Por lo tanto se puede decir que la empresa a la que nos invitaba Nolan con su equipo era verdaderamente hercúlea.
Nolan, además, huye de antecedentes de hace algún tiempo como aquella Troya que llevaba a Brad Pitt en el reparto. Por supuesto, no es lo mismo, ni nace falta. Nadie espera una adaptación al pie de la letra pero sí genuina y algo respetuosa con el calado del texto.
Se puede decir que el director británico salía en términos generales indemne de la contienda y que en este caso no necesitaba urdir ningún truco con un caballo de madera para reventar ningún cerco. Poco a poco, y con su buen gusto acostumbrado -en ocasiones jugando como en una baraja el despliegue lineal de los acontecimientos- Nolan va poniéndole las pruebas a la figura griega y a su tripulación y todo ello para completar un regreso a Ítaca, a casa. En vez de hacer como Agamenón con cogió su suerte de autopista directa marítima, Odiseo da un tumbo y otro tumbo antes de sentarse a la vera de Penélope y el crío. Una Penélope que casi rompe su bastidor de tanto bordar y bordar.
Desde el punto de vista técnico la película da gusto verla. Toda la iluminación, el sonido ¡Ojo al sonido! y los efectos especiales valen verdaderamente la pena. Nolan a veces no propone y esconde sino que se luce con por ejemplo un Polifemo que parece atraído desde el sueño más incomprensible del mismo Goya, el Saturno devorando a su hijo. Escena sacada directamente del Hades, como por ejemplo también el contacto con los compañeros muertos.
Punto y aparte merece para alabar el gran gusto de uso de ls efectos especiales. Nolan solo los realiza cuando no es más que imprescindible y sigue con la atinada fórmula de mezclar lo práctico, lo simbólico con lo técnico.
Casi como un juego multiplataformas lujoso, hasta el ojo menos entrenado en cultura clásica va dejándose soltar y embelesarse con la conjunción de asuntos, desde el cíclope Polifemo, Los lestrigones o gigantes devoradores de hombres, la bruja Circe y la conversión en cerdos de la tripulación, el rescate de la ninfa Calipso, la estancia en la isla del Sol, el enfado de Poseidón haciendo crujir el mar y el no sucumbir ante el canto de las sirenas. Casi todo el viaje, o sus fases más conocidas, retratadas en un buen tiempo para recrearse con la calidad actual de los medios. La presencia también siempre dura de Zeus sin que tenga una aparición física.
Probablemente lo que se quedó en el tintero y que nos hubiera gustado sentir fue el rescate de la princesa Nausícaa, con su Rey Faecio. Recordemos que Odiseo tiene un ego que se traiciona. Ahí no llega Nolan por una razón probablemente mundana, para hacer que la película no durara aún más.
Bien es sabido, sobre todo para el lector habitual de estas críticas, mi animadversión al metraje largo. Y la Odisea si no rompe récords, está a punto. No obstante en esta ocasión sí, está justificado. Hay que recordar lo hinchado que es el viaje del héroe, que esto si es un cuento enorme cada uno con su sello y su espíritu en muchas de las ocasiones hay que saber precisar con la debida pericia cada uno de los lujosos detalles de una pieza de la literatura de este nivel. Es decir, esto si es contar -nunca mejor dicho- una odisea enorme y había que estar a la altura como se está. El tiempo se pasa rápidamente gracias a su ritmo de grabación y a un guion que a pesar de las dificultades es bastante rápido y con brío.
A lo mejor la película pierde un poco de fuelle al final y más habiendo degustado otra película prácticamente coetánea. Nos estamos refiriendo a El Regreso de Ulises (The Return, Uberto Pasolini, 2024), protagonizada por Ralph Fiennes. En el momento transcendental de la venganza de Ulises es verdaderamente acertada y digamos que es donde Nolan solo empata, por no decir que pierde. Me supo más la interpretación de ese momento de la cinta donde participa Fiennes. Y eso no quiere decir que no brille de buena manera el trabajo de Matt Damon, pero es que aquella es superior. Si no han visto The Return, la recomendamos encarecidamente.
En definitiva, vuelta del héroe del celuloide C. Nolan a la Ítaca que nunca debió de abandonar en algunas cintas más pretenciosas y abstractas como Tenet. El cine hecho con medios pero con un maravilloso gusto. Insto a ir al cine, acomodarse y ponerse en las manos de un director veterano y experto sin ningún tipo de prisa. Disfruten del viaje que es mejor que el final.
Foto: promocional





