Extraordinario concierto del pianista balear Marco Mezquida (Mahón, 1987) en el Espacio La Granja, en el marco del 34 Festival Internacional Canarias Jazz & Más, la cita del estío de contacto con las músicas ricas en improvisación.
Iba cayendo el sol y por lo tanto el Parque La Granja iba acogiendo el fresco típico en él, mientras nos relamíamos pensando en lo que nos esperaba. Teníamos algún aviso de lo que podía suceder, discos como el recién publicado Táctil o Talismán o incluso Letter To Milos nos ponían en la pista de un pianista hábil e imaginativo. Después de los 5 minutos de cortesía -lógicos por otra parte-, el salón del Espacio La Granja apagaba luces de sala y encendía el escenario y al mismo tiempo se prendía el buen gusto musical. El trío estaba compuesto por Marco Mezquida, el violonchelista Martín Meléndez y el percusionista Aleix Tobías que aunaban y respiraban verdaderamente juntos.
Nuestra impresión fue que no era el proyecto de Marco, solamente, sino que también Tobías y Meléndez eran piezas, claves y vitales, en cualquier envite propuesto. El Espacio La Granja nos invitaba a apagar nuestros móviles durante la actuación ¡Menuda suerte! Aislados de la rutina exterior, abonados en exclusiva al placer.
El concierto comenzó con el nombre que da título a su último alumbramiento, Táctil. Y se hizo la música y hasta las presentaciones flotaron por superfluas. El hechizo era tal que el silencio se apoderó de la sala. El sonido era verdaderamente nítido en cada uno de los instantes, al nivel de la locura más excelente. Cada gesto de los protagonistas llegaba con la intensidad necesaria a todas las butacas del recinto dependiente del Gobierno de Canarias.
Una de las cuestiones más interesantes fue como el percusionista Aleix Tobías iba incorporando instrumentos de percusión a su set de batería. En algún momento -como al inicio del concierto- usaba panderos que aportaban una sonoridad verdaderamente única y exclusiva. Martin Meléndez se lucía por su parte con el violonchelo en el que hacía punteos verdaderamente lujosos. El lecho estaba realizado y esas eran las bases en las que crecía el torrente musical que nos iba a deleitar la noche. Sin artificios ni pregrabados, obviamente, todo era composición propia.

Marco Mezquida firmó cuanto disco pudo en la velada del concierto en Santa Cruz de Tenerife
Canciones dedicadas a Maurice Ravel o por ejemplo World’s Hope, con la memoria a la activista Greta Thunberg, iban entrelazadas, sin necesidad de parar la maquinaria. De tal suerte fue así que se llegó a avanzados la primera cuarentena de concierto sin tener que dar ningún contacto con el público. Todo era hechizo y el respetable hacía su parte para disfrutar del plato propuesto. El visitante sólo tenía que recostar su cabeza en el respaldo de esa plaza que parece un cine, si acaso cerrar los ojos y despreocuparse. Ahí estaba el comandante Mezquida y su tripulación para iniciar un viaje cuyo único objetivo era el placer, perfectamente ajenos al ruido exterior del recinto.
En ese sentido, Marco, Martín y Aleix eran los orfebres que tejían la jaula de oro de nuestros sueños, de nuestras ambiciones musicales.
Hubo más canciones en la noche, naturalmente, pero ese comienzo tan musical, tan desprovisto de palabras que en ocasiones acaban en nada hacía que todo tuviera su enjundia, su placentero acabado. Eso dejaba a todo el mundo con la boca abierta. Sin haberlo esperado, ya estabas perfectamente incluido en todo el andamiaje propuesto. Marco cogía el micro para hacernos partícipes de su simpatía y presentar canciones como Fraternidad o Felice, compuesta después de una magnífica y pantagruélica velada con vinos incluidos en la mágica Italia. También nos habló brevemente de la composición Constantine, compuesta después de una conversación larga e inagotable con una chica. Eran apuntes de lo que había sonado concatenado o de lo que nos esperaba. Igual casi daba. Queríamos reiniciar ese pequeño reloj suizo y verdaderamente artero. Queríamos mecernos en su magnífica cuna de delicia musical. Era la mano que acariciaba los mínimos desvelos de todos y después el reclinar para volvernos a dormir. También sonó Cuando vienes. En un momento, Marco nos hacía partícipe de la labor de recuperación del pandero cuadrado de origen Salamanca que usaba el percusionista Aleix y que sólo quedaba en la memoria de algunas mujeres.
Es decir, Marco y su coalición del placer desgranaba su último disco Táctil y lo hacía con extremo esmero y producía tremendo gusto. Ya se iban transcurriendo los minutos del concierto para dar fin a las operaciones con Cádiz, una canción que como él mismo indicó fue compuesta en la Tacita de plata. Aires salerosos y como siempre altamente optimistas en la música de Marco. Sus composiciones son propias de una buena mañana. De esos desayunos que se alargan gracias a una gran conversación, de ese último y genial sabor al jugo de naranja y después ¡A la calle a rebozar ese optimismo para compartirlo con el resto de la humanidad! De eso constó la música de Marco y compañía en el Festival Internacional Canarias Jazz & Más también.
En consecuencia, exquisito -y no ahorramos calificativos- paso del Festival en su paso de miércoles 15 de julio por Santa Cruz de Tenerife, en el Espacio La Granja. El concierto acababa con las felicitaciones típicas del personal y especialmente a Pablo Selnik y Yexza Lara que habían estado en la velada. Selnik y Lara suelen colaborar con el gran Mezquida y como es natural hacía esa referencia desde el escenario.
Capítulo aparte merece lo bien que suena ese teatro y lo cuidado que está ¡No era para menos! Felicidades a los que conformaron la crew de sonido e iluminación, así como personal de sala del recinto porque dejaron muestra de un profesionalismo y de un buen hacer que redundó en el ya por sí extraordinario concierto propuesto por los músicos.
Foto principal del artículo: Luz Sosa.
Texto: Héctor Martín





