La 35ª edición del Festival Internacional Canarias Jazz & Más echó el cierre el pasado sábado en Puerto de la Cruz y en la Plaza de Santa Ana, dos localizaciones que desde hace años acogen las tres últimas noches de conciertos. Los proyectos de Yul Ballesteros en formato trío y con la colaboración especial del saxofonista cubano Ariel Brínguez; y el de la bajista costamarfileña Manou Gallo bajaron el telón en el Espacio Playa Martiánez, en la isla picuda, además del concierto didáctico del proyecto Ponké y la Ciudad del Jazz, escenificado en la sala Andrómeda, en el Espacio Martiánez; mientras que el trompetista grancanario Ernesto Montenegro y su quinteto hacía lo propio en la capital grancanaria, junto al grupo danés Tora Daa, una de las bandas que más sorprendió al público canario por su manera de entender el rock y el virtuosismo a la guitarra de su líder, Tora Dahle Aagård, una autentica guitar hero. Fue el broche de oro a una edición marcada sobre todo por los dos excelentes conciertos ofrecidos por Jacob Collier junto a la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria dirigida por Suzie Collier, dos noches inolvidables para los fieles del Festival Internacional Canarias Jazz & Más.
Han sido 25 días de conciertos en plazas, auditorios, teatros y salas de todas las islas, un total de 30 espacios escénicos (11 en Tenerife, 13 en Gran Canaria y 1 en Fuerteventura, Lanzarote, La Graciosa, La Palma, La Gomera y El Hierro) para los 59 conciertos, 5 charlas, 2 masterclass que se celebrarán en las ocho islas y en el que han participado 31 proyectos musicales de 16 nacionalidades (Estados Unidos, Reino Unido, Armenia, Francia, Brasil, España, Cuba, Noruega, Italia, Turquía, Puerto Rico, Costa de Marfil, Suecia, Suiza, Polonia y Canarias.
Pero sin duda, la edición quedará marcada por el paso de Jacob Collier por los dos auditorios capitalinos, junto a la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria (OFGC) dirigida por Suzie Collier. Era su segunda visita al festival, la primera, en 2017, le llevó a los teatros Leal y Guiniguada y a pesar de contar con apenas 23 años, ya lucía dos Grammy en su palmarés. Hoy acumula siete, con tan solo 31 años, y ya llena auditorios, teatros y estadios. Lejos de los números, Collier tiene ese duende capaz de dejar una sensación de felicidad entre los asistentes poco común. Más de dos horas de concierto, de clase magistral, de relación con el público, de comunicación, improvisación… Dos actuaciones que explican este fenómeno viral, que deja un rico poso por donde actúa y que eleva la experiencia de un concierto a cotas a las que pocos artistas llegan. Algo difícil de explicar con palabras. Incluso es complicado de entender con imágenes. Llega directamente al plano emocional, el que provoca reacciones en la piel, en el estómago, cambios en el rictus de la cara.
Desde su abrupta aparición en el escenario, descalzo y dando botes, hasta su despedida, igual de apasionada, la presencia de Collier sobre el escenario acapara toda la atención. Tiene ese duende. Su repertorio es popular, elige temas muy conocidos como el que abre sus conciertos, Every Little Thing She Does Is Magic, de The Police, pero con arreglos orquestales complejos y que le exigen un esfuerzo vocal al que responde a veces como tenor, otras como barítono e incluso bajo. Siempre sin salirse del pentagrama, como cuando hizo con su voz de segundo violín en el Concierto para Dos Violines de Bach, con su madre Suzie Collier haciendo de primer violín. El músico británico regaló al público un ejercicio de dirección de orquesta e improvisación, en el que puso a prueba las capacidades de la OFGC, que saldó esta prueba con matrícula de honor. El músico inglés “ensayó” con los músicos de la formación grancanaria, sin partitura, los arreglos de un tema que fue cogiendo forma, partiendo desde el final, y que el público y la propia orquesta lograron reconocer cuando Collier se puso al piano y comenzó a cantar las primeras estrofas del We Are The Cahmpions de Queen, un homenaje implícito además al triunfo de la selección española hace unos días en el Mundial de Fútbol.
Con estos dos excepcionales conciertos, a los que tenemos que añadir los ofrecidos por el excelente pianista armenio Tigran Hamasyan, el homenaje de Jose James y Célia Kameni al gran Marvin Gaye, del que interpretaron su disco ‘I Want You’, además de otros clásicos como ‘What’s Going On’ y ‘Mercy, Mercy Me’; los veteranos Yellowjackets o Hamilton de Holanda, los emergentes Ghost-Note o Marco Mezquida; los ritmos latinos de Roberto Fonseca y Cuban Jazz Syndicate y valores locales como Carlos Meneses, José Vera, Takeo Takahashi, Ernesto Montenegro, La Cofradía o Lajalada y muchos más, se cierra una edición muy especial, que volvió a maridar la música popular contemporánea con la sinfónica, en dos nuevas producciones con participación de la OFGC y la Banda Municipal Sinfónica de Las Palmas de Gran Canaria, colaboraciones que seguirán marcando el paso de la programación del festival en el futuro, que a tenor de lo vivido este año, goza de muy buena salud. Los ‘sold out’ en teatros y auditorios y la gran afluencia de público en los escenarios abiertos así lo indican.
Foto: Luz Sosa (Ariel Brínguez / Yul Ballesteros).





