Segunda entrega de nuestras sensaciones con respecto a lo acontecido en el Festival Rock Imperium que se ha llevado a cabo en la cuesta de El Batel en Cartagena, región de Murcia. Up the Irons!
Día 2 : 3 de julio
Todavía con las buenas sensaciones del día anterior nos encaminamos hacia un nuevo encuentro con el heavy metal y en esta ocasión con una de las bandas más importantes desde el punto de vista histórico del movimiento: nada más y nada menos que Iron Maiden que en esta gira cumplía 50 años de intachable -en la mayoría de los casos- afiliación metalera. El repertorio sería desde su primer disco homónimo 1980 al Fear of the Dark (1992, EMI), es decir cuando la banda dio sus mejores números. Todo ello en el preámbulo de una gran fiesta que la banda británica daría en Knebworth, Inglaterra y previamente en Lisboa como colofón a la gran gira. Pero, no adelantemos acontecimientos.
Entrábamos en la cuesta del Batel -acertadamente el gran escenario está abajo de una pendiente- y ya sonaban los primeros acordes de Blue Pills, pero nosotros aprovechábamos para hacer nuestra compra en el estand de camisetas ¡No nos queríamos perder la camisa original y verde de Iron Maiden! Dicho sea de paso, ¡Por fin los metaleros se alejan del riguroso negro!
No obstante, eso no nos impidió disfrutar convenientemente de Blue Pills asombraron con un set con descaro y una vocalista verdaderamente desenfadada y directa. Blues Pills es una banda de blues-rock formada por la vocalista sueca Elin Larsson, el guitarrista estadounidense Zack Anderson, el bajista Kristoffer Schander y el batería sueco André Kvarnström y la verdad es que no los teníamos en el radar musical ¡Da igual, un Festival está para eso! Qué agradable descubrimiento. Canciones rotundas y verdaderamente lujosas.Es una formación a la que le vamos a seguir la pista. Actuaron en el escenario 1 de manera brillante.
Escenario 2
En el segundo escenario se daban cita Presa, 4 bajo zero, Wings of Steel y DJ Heavy Metal Brothers. La banda local Presa dejaron desde el minuto clara su vocación rockera con un set directo y básico. Es una formación que no hace prisioneros y da lo máximo en el escenario. El hecho de que tocaran en el escenario 2 fue genial para ellos porque conectaron con el público de manera directa. Quizás el escenario grande se les hubiera quedado demasiado amplio. Canciones de sus discos como Cuerpo en llamas o el disco homónimo hicieron el deleite de los que desafiaban al calor.
Nueva ensalada de rock patrio con 4 Bajo Zero, canciones directas y sin pausa. Estuvimos brevemente en su show, menos de lo que nos habría gustado pero la verdad es que lo suficiente para saber la calidad de nylon de esta pieza. Nos consta que realizaron un buen show y eso nos han dicho amigos comunes que no necesitaban llegar a cierta hora para degustar a Anthrax.
No podemos calificar de manera justa a Wings of Steel y hay que reconocer que preferimos ganar posiciones en el escenario principal para deleitarnos con el trabajo de Iron Maiden -que ya faltaba apenas unos minutos para disfrutarlos por primera vez en nuestra vida-. Hay que decir, no obstante que los conocimos personalmente y que son simpáticos y gente muy dada al contacto con el fan.
Para bien o para mal, esta edición de Rock Imperium y también específicamente fue influido notablemente por la intervención de la dama de hierro.
Escenario 1
Después de Presa, sacudían el escenario 1 o principal la formación nórdica H.E.A.T. de la que teníamos excelentes referencias. Para empezar la calidad de su edición pasada, Welcome to the future (earMusic, 2025) y también la rotundidad de su participación en el Festival Poseidon Rock Fest en la localidad grancanaria de Telde. Los informes al respecto eran excelentes.
Es verdad que H.E.A.T. es una banda con pleno ímpetu y brío pero sin embargo tuvieron que navegar contra algunos elementos que se empeñaban estar en su contra. Nos referimos un tanto al sonido que no brilló como es habitual en la cita cartaginense (casi siempre notable). H.E.A.T. tuvo un sonido algo difícil con una “pelota” entre el bajo y la batería que lo hizo como digo un concierto difícil de lidiar. Dadas estas luchas, la banda se agarró a los mejores mimbres, la capacidad vocal de Kenny Leckremo, por ejemplo. Y con esos materiales hicieron el mejor cesto posible. Banda de excepción cuya nota habrá que revisar en futuras fechas.

Colocándonos convenientemente en el estratégico punto de inclinación en el parque de El Batel, nos aprestábamos a deglutir uno de los nombres de los genios que nos proponía el Rock Imperium 2026: nada más y nada menos que los trashers de New York City, Anthrax. Curtidos en mil batallas, miembro de honor para muchos de los Big 4 del Trash, los Anthrax han estado publicando alguno de los mejores discos del estilo como por ejemplo Persistence of Time o Spreading the disease, así como nuestro predilecto Among the living (tercer disco publicado en 1987). Básicamente en estos discos se basa el increíble show con una fuerza motora imposible de aplacar. Son una maquina que no hace ningún tipo de excepción ni prisionero, canciones como Among the Living, Caught in a Mosh e Indians sonaron redondas, como recién salidas de la fábrica ¡y tienen cerca de 40 años!
Asunto aparte merece un genio como Joey Belladona porque despejó nuestras dudas – o cualquier duda – de un plumazo ¡menudo frontman! Probablemente tenga ya una edad que lo hace como el mejor jamón serrano, curado y con la experiencia sobrada para conducir al público y su paladar. Scott Ian y sus chicos se amarran a él porque su radiante personalidad lo hace irresistible. Además, los de Ian consiguieron sonar de una forma que solo tienen las estrellas. Desde mesa de sonido se curaron en salud para dar lo máximo. Se nota que girar con los mejores, léase Maiden, les hace crecer y ese esfuerzo se ve y se palpa en la escena.
Además y como era altamente previsible sonó también It’s for the kids el que era por entonces primer adelanto del que será nuevo álbum de la formación americana que va a ser publicado en el próximo septiembre, Cursum Perficio. Sonó redonda, sonó que se vende solo el nuevo álbum. Ya nos gustaría tener la versión en vinilo para desplazarlo al tocadiscos.
Entre tanta maravilla, quizás sólo hubo un punto negro, creo que no calcularon bien el set y no cupo una canción que parece obligada, la dedicada al cómic del Juez Dredd, Im the Law ¿Lo hubiéramos gozado? Por supuesto, pero, ¿Cuál hubiéramos quitado de las disfrutadas? Ninguna. Ni si quiera la infaltable, Antisocial. Ensalada de trash metal que solo podía igualar en lo que quedaba de festival otros grandes de la escena: Testament, los chicos de Chuck Billy, pero para ello tendríamos que esperar al domingo.

¡Cuidado Janick, ese Eddie va a por ti!
Con puntualidad británica acudían los otrora humildes chicos del West End londinense al escenario de Cartagena. El parque de El Batel engullía a una buena cantidad de fanáticos que no habían acudido al resto del festival sino que habían ahorrado fuerzas para un sólo plato fuerte: Iron Maiden. Conocido lo cual, fue juicioso perdernos la banda precedente mal que nos pesara, Wings of Steel ¡Son jóvenes habrá una nueva oportunidad! Pero tener el fresquito que arreciaba en la arboleda y en el césped del parque y una localidad de excepción a unos centenares de metros del escenario, eso amigos no tiene precio.
Poco a poco iban sonando los himnos que antecedían a la gran batalla, hasta que tuvimos entre nuestros oídos el definitivo que sería el pistoletazo de sonido de salida a una actuación que permanecerá por siempre en nuestro corazón metálero. Era la primera vez que degustábamos a los Maiden y la primera vez que tuvimos un casete suyo fue en 1992. A lo tonto, treinta y tantos años de espera que culminaba aquí. El “Doctor, doctor, pleassssseeeee” de UFO nos anunciaba con alegría el speaker principal el comienzo de las hostilidades y de las operaciones musicales de envergadura. Íbamos imparables a nuestro destino.
Ya nos lo habían advertido varios compañeros de la prensa, Mariano Muniesa, Jose Dj_Metal_Phoenix, y el Pirru y pareja de La Pirruteca, ¡Ojo que Maiden están en un periodo dulce de existencia que contrasta con algunos de los directos que se han podido ver en giras precedentes! Harris, Murray, Gers, Smith, Dickinson y el nuevo batería Dawson (British Lion) han llegado a un punto dulce que hará las delicias de todos los que se acerquen a los británicos. Esa era la predicción de los compañeros expertos. La sustitución a los parches, por lo visto, es un detalle no menor, Simon Dawnson llega a los lugares que el mítico Nicko McBrian no por motivos de salud.
Para colmo, Maiden no giraba con unas canciones cualquiera. Con canciones de un nuevo disco, la fiesta podía haber sido atenuada pero es que cada una de las canciones del set list actual parece seleccionada para un best of. Puede argumentarse que no está Alexander The Great, de Somewhere in time, por ejemplo, pero ¿Cuál quitas para ponerla? ¿Qué oprobio cometes? ¿Qué no suene Run to the Hills?
A ver si alguien me puede indicar si en el siguiente set list hay algún fallo:
- The Ides of March
- Murders in the Rue Morgue
- Wrathchild
- Killers
- Phantom of the Opera
- The Number of the Beast
- Infinite Dreams
- Powerslave
- 2 Minutes to Midnight
- Rime of the Ancient Mariner
- Run to the Hills
- Seventh Son of a Seventh Son
- The Trooper
- Hallowed Be Thy Name
- Iron Maiden
Encore:
- Churchill’s Speech (tape)
- Aces High
- Fear of the Dark
- Wasted Years
- Always Look on the Bright Side of Life (Monty Python song, tape outro)
Punto por punto se iban cumpliendo las predicciones más halagüeñas. Desde las versiones del disco Iron Maiden o Killers a la gloriosa etapa de los años 80, Maiden demostraron en el verde cartaginense estar de manera pletórica y que el próximo directo que será resultado de esta gira (especialmente de la cita tumultuosa de París y del Eddfest en Knebworth es bastante propicio para el amante de la formación de hierro.
Dicho lo cual, interpretado con la calidad propia de un disco en vivo, es más, diría que propia de la marca de la casa ya plasmado en aquel Live after Death.
Especialmente movido estuvo el concierto desde Killers a 2 minutes to midnight. Presencia ineludible de la mascota, Eddie, en el escenario. Sin parar un segundo, la gente coreaba cada una de las canciones, frase tras frase, palabra tras palabra. Yo incluido. Había una comunión de hermanos de sangre (Blood Brothers) verdaderamente reseñable. Poco a poco el sol se pone en el castillo que crece al pie del Batel y nos lo hace saber el frotman y suena Infinite Dreams, una de las novedades en el set, fue simple y llanamente insuperable, tanto tiempo escuchando la versión del Maiden England del 88 o del séptimo disco de la doncella, 7th Son of a 7th Son… ¡Era necesario vivirlo con toda la pasión del mundo! Esa canción no sonó, eclosionó dentro de nuestros corazones. Olvídate de tu móvil, olvídate de cualquier eventualidad. Abraza la canción que te ha cautivado en tu juventud musical más tierna y déjate mecer por la banda.
Bruce Dickinson mostró en muchos de los momentos una capacidad y un estado de forma verdaderamente esencial, mágico y cósmico. Sin una nota baja en todo el show y sin aparente ayuda fue capaz de transportar al público gesto tras gesto. No en vano, acaba de ser elogiado con un premio a frontman del año y es que se lo merece según lo visto en las proximidades del barrio de El Peral.
El bueno de Dickinson nos muestra su cantimplora e insinúa que es algo rico ¿Qué será lo que contiene? Agua me temo. Intro precisada para The Rime of the Ancient Mariner apuesta por que la gente se tranquilice con algún momento de transición lento y un juego de luces y video que hace perfilar un oasis alucinante. Una historia que recuerda a sus grandes joyas, al Powerslave, al Live After Death y sobre todo a aquel añorado World Slavery Tour, siendo cada parte un lujoso conjunto. No en vano, es esta una de las canciones que más gusta en el seno de la banda, indicado en público para varios medios por el propio Dickinson y Dave Murray. No es para menos. Tremenda odisea marítima, todavía resonaba en nuestra cabeza, “water, water, everywhere”.
Ya no habría tiempo para muchos medios tiempos y el bajo sincopado de Steve Harris ya no se pararía mucho más. Quizás en los mágicos interludios de de Seventh Son. También nos alegraron con momentos verdaderamente lujosos como con la teatralidad de Hallowed be thy name, camino al patíbulo en donde esperaba un holograma que es la horca. Fin del pase inmortal con uno de los temas cabecera de la banda; Iron Maiden que sonó especialmente redonda.
Un breve receso y la banda regresa con el archiconocido discurso de Winston Churchill y ya el fan sabía a lo que se atenía: Aces High, himno de la aviación británica y yo diría que mundial. Y casi ya final impecable del concierto con dos canciones que cantan al abismo: Fear of the Dark y Wasted Years. El ya clásico coreo de Fear of the Dark y el infaltable coro comercial de Wasted Years era el colofón a cualquier pretensión. Maiden sonaban como si estuvieran cantando en tu propia casa, en tu sillón. Suponemos que la gira ha sido igual de pletórica y conocemos sus planes para irse a USA a hacerse un tour también memorable.
Del futuro casi nada sabemos. En un momento, Dickinson despidió su participación en el concierto “traicionándose” e invitando al respetable hasta el próximo año. Alguno apunta a que puede ser una perfecta compañía a Halloween y a Venom para el Rock Imperium de 2027. El tiempo dirá, es lo de menos. No obstante, como indica el clásico “Así me las den todas”.
Fotos: promocionales, distribuídas por el Festival Rock Imperium de Cartagena





